lunes, 11 de abril de 2011

Médico de Basavilbaso expondrá el martes en la Cámara de Diputados



Diputados de la Comisión de Tierras escucharán mañana la opinión del Dr. Roberto Lescano, un médico que ha tratado a pacientes con problemas de salud por el contacto con agroquímicos, en el marco del proyecto de Ley de Prohibición de Fumigaciones Aéreas. Sus estudios aparecen citados en una investigación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

aumento. En los últimos años el volumen de plaguicidas usados crecio 600%. 
 En los últimos años el volumen de plaguicidas usados crecio 600%.

Roberto Lescano ofrecerá este martes frente a la Comisión de Tierras, Obras Públicas, Recursos Naturales y Medio Ambiente, presidida por el diputado Fabián Flores, sus razones para que la nueva ley prohíba totalmente las fumigaciones en algunas áreas, restringiendo su aplicación en zonas rurales, debidamente supervisadas y bajos reglas de manejo severas.

El profesional sostiene que la norma debe llegar a un equilibrio: “No una prohibición, pero sí fumigaciones aéreas que estén acotadas a los lugares posibles”, porque “las sustancias que se manejan son peligrosas”, aseveró el médico, uno de los principales activistas contra el uso indiscriminado de pesticidas en la agricultura.
Lescano fue uno de los profesionales consultados por las estudiantes de la Universidad Autónoma de Barcelona, Cristina Aijón Abadal y Alexia Cumplido Prat, quienes entre febrero y septiembre de 2007 trabajaron en Basavilbaso en una investigación de campo para tesis de su carrera de la Facultad de Ciencias Ambientales.
La memoria final de las estudiantes, titulada “Percepción del riesgo de los agroquímicos en la localidad de Basavilbaso, Entre Ríos”, traza un cuadro de situación en esa localidad a partir de la irrupción de la soja y la utilización intensiva de agrotóxicos.
El objetivo principal del estudio fue investigar el uso de los agroquímicos que se emplean en el cultivo de soja y sus posibles efectos a la salud. La motivación de las universitarias surgió al comprobar dos elementos llamativos: el aumento de la superficie cultivada de soja y el volumen de plaguicidas usados que se incrementó en pocos años en un 600 %.

Evolución. El trabajo de Aijón Abadal y Cumplido Prat, al que accedió EL DIARIO, describe que “el área cultivada con soja fue creciendo lentamente hasta que en la década de los 90, con pocos años de experiencia en la democracia y bajo la presidencia de Carlos Menem, se liberó comercialmente la soja modificada genéticamente y se inició su siembra”. Entonces, cambió de manera drástica la fisonomía del campo argentino, donde hasta 1970 el cultivo de soja representaba menos del 1% de las producciones agrícolas.
El inicio del cultivo masivo de la soja transgénica surgió a fines de los 90, a partir de semillas creadas en laboratorio para resistir a un herbicida, el glifosato, cuya marca comercial más conocida es Round-up, de la multinacional Monsanto. Por ello esta oleaginosa es conocida como soja RR (Round-up Ready).
El glifosato es un herbicida que mata la mayor parte de las especies, incluyendo la soja no transgénica. De esta manera, cuando se aplica glifosato a un cultivo de soja RR, mueren todas las plantas exceptuando la soja transgénica, simplificándose mucho el control de las malezas en el cultivo.
Los productores adoptaron con entusiasmo la soja porque su cultivo es más barato que otros y se obtiene un margen de ganancias mayor. Además requiere un cuidado mínimo que se reduce a la fumigación con glifosato y a la aplicación de otros venenos cuando las plagas atacan el cultivo.
Sin embargo, las ventajas de estas fumigaciones crearon innumerables problemas en la salud de las personas y animales, generando un acalorado debate que todavía pervive por los riesgos que implica para la salud y el medioambiente.
“Basavilbaso atravesó una profunda crisis socioeconómica desde el cierre de sus primeras fuentes laborales: el Ferrocarril en 1992, el Frigorífico Avícola (FABA) en 2001 y la principal Empresa Vial Hornos, en el 2001”, explica la tesis en su marco conceptual para fundamentar que “teniendo en cuenta que la dinámica de la ciudad giraba en torno al ferrocarril y al Frigorífico Avícola, el cese de sus funcionamientos provocó un efecto dominó en cada una de las familias e instituciones que de algún modo se encontraban interrelacionadas con los mismos”. De esta manera, el deterioro de la calidad de vida, acceso a la educación y a la atención a la salud “han sido otras de las características de ‘los nuevos pobres’ aparecidos en el escenario basavilbasense, que sumados a los pobres estructurales ya existentes, conforman un cuadro de situación difícil de revertir”, cita la tesis.
En otro párrafo el estudio menciona que durante el pico más agudo de la crisis, en 2001, “el panorama en el municipio de Basavilbaso era desolador: escasas oportunidades laborales, déficit progresivo del sistema de salud, reducido poder adquisitivo de los habitantes, aumento obligado de las migraciones de jóvenes hacia centros urbanos con mayores posibilidades, acrecentamiento y extensión de la pobreza y deterioro generalizado de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables”.
Según la investigación, es en este marco dónde la soja transgénica aparece con fuerza, presentándose “como una esperanza” entre los habitantes de Basavilbaso y de gran parte de Argentina.

CONCLUSIONES. Entre las conclusiones más importantes formuladas por las estudiantes europeas, que dispusieron de un presupuesto de 9.000 euros de la Universidad Autónoma de Barcelona para los 140 días de trabajo en esta provincia, se destaca que en relación al uso de agroquímicos, en la localidad de Basavilbaso, “aunque existe legislación en materia de agroquímicos, y es aparentemente conocida por la mayoría del personal del sector, se observa un incumplimiento de ésta y de las medidas de protección causando un gran número de accidentes que no son sancionados por el organismo de control, debido a su inoperatividad”.
Sostiene también que las razones por las que es incumplida la legislación “son principalmente la comodidad, el desconocimiento y el ahorro económico”.
Aporta que debido a la falta de medios y recursos económicos no pueden realizarse, en la zona “los análisis necesarios para evaluar los efectos de los agroquímicos sobre la salud de la población”, y que las personas que trabajan con estos elementos no se hacen los estudios bioquímicos recomendables cada seis meses, como es obligatorio en EE.UU y los países de Comunidad Europea.
“Se observa una diferencia del nivel de percepción que existe entre los implicados en el sector agropecuario y la población no relacionada con la soja, que posee una percepción mayor del riesgo”.
Por otra parte, subraya la disparidad de opiniones al respecto, entre el personal médico de Basavilbaso, en torno de las secuelas que puede generar la exposición en los seres humanos”, y lo contrastan con el hecho de que “existe unanimidad ante los efectos que producen los agroquímicos en la fauna local pese a la falta de los mismos estudios”.


Consecuencias
El Roundup se encuentra en varios países entre los primeros plaguicidas que causan incidentes de envenenamiento en humanos. La mayoría de éstos han involucrado irritaciones dermales y oculares en trabajadores, después de la exposición durante la mezcla, carga o aplicación (Pengue, 2003).
También se han reportado náuseas y mareos después de la exposición, así como problemas respiratorios, aumento de la presión sanguínea y reacciones alérgicas (Ibañez, 2002).
En el Reino Unido, el glifosato ha sido una de los principales responsables por accidentes por toxicidad, de acuerdo a los registros del Panel para el uso y control de incidentes con herbicidas (PIAP). Entre 1990 y 1995 se presentaron 33 demandas y 34 casos por intoxicación fueron registrados (HSE, 1995; Pesticide Monitoring Unit, 1993).
En California, el glifosato se encuentra entre los herbicidas más reportados como causa de enfermedad o daños entre los trabajadores que manipulan herbicidas. Las presentaciones más comunes tienen relación con efectos oculares e irritación de la piel (USA-EPA, 1993).
Las autoridades norteamericanas recomiendan no reingresar por un período de 12 horas en aquellos sitios donde el herbicida haya sido aplicado en situaciones de control agrícola o industrial.
Según informa el Dr. Jorge Kaczewer, existen cuestionamientos sobre el potencial carcinogénico derivado del uso del herbicida, sus compuestos acompañantes y los productos, detectados con técnicas más modernas durante su descomposición (Kaczewer, 2002).
Fuente: El Diario de Paraná, Entre Rios

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