Un relato ficticio, preñado de verdades
Desvió la vista del cuaderno
y centró su atención en una hamaca paraguaya enredada en la cuerda de colgar
ropa. No lograba recordar cómo había llegado a su poder. Luego estudió la
distancia entre los mangos. Doscientas un veces se propuso colgarla y sin
embargo allí seguía sin haber cumplido ni por un segundo su supuesto destino.
Pensó en cuantas cosas y persones llegaban a este mundo con un objetivo y se
iban así nomás, sin ton ni son.
—Fue lindo mientras duró —dijo
prestando atención a la piscina bordeada por cactus, yucas, aloes y bromelias
en flor, con un manto de pedregullo blanco que creaba hermoso contraste con las
baldosas californianas y la colorida barbacoa bajo las paltas.

